El éxito de “El anillo” (Novela publicada por Martínez Roca) evidencia las reuniones masónicas que tenían lugar en la iglesia de Santa Anna de Barcelona y provoca la orden de expulsión de éste grupo, llamado “Priorato de San Juan de Jerusalén” por parte del arzobispo. El gran priorato de San Juan de Jerusalén, fundado en 1791, vinculado a la Gran Logia de España es expulsado, por orden del arzobispo, de la parroquia Barcelona donde se reunía desde hace tres años.

Artículo publicado en
El Triangle, 18 de Julio de 2005

Caballeros esotéricos en Santa Ana

Caballeros esotéricos en Santa Ana

Los encuentros del Gran Priorato de San Juan de Jerusalén en la iglesia de santa Anna parecen haber inspirado la obra de Jorge Molist, “El anillo” (Martínez Roca) finalista del Premio de Novela Histórica Alfonso X el sabio y que ya ha vendido más de 200.000 ejemplares en España.

Desde el éxito del famoso Código Da Vinci de Dan Brown la temática esotérica con potentes elementos de intriga eclesiástica continúa garantizando el éxito en las librerías. Molist, un catalán que ahora vive en Madrid, sitúa una parte de la trama de la novela en la iglesia de Santa Anna donde un grupo de neo templarios se reúne periódicamente. La obra narra la búsqueda de un supuesto tesoro dejado en herencia a la protagonista de la historia por su padrino.

Molist en declaraciones al “TRIANGLE” admite que conocía la existencia de las reuniones en la iglesia y se muestra muy interesado por la prohibición del acceso de los masones a Santa Anna, me pide más detalles y afirma que “no comulga en absoluto con la literatura antimasónica que ahora aparece. Soy una persona que se sitúa en el campo de la tolerancia. En mi novela más que hablar de masones hago referencia a la espiritualidad medieval, que me interesa mucho”.

La expulsión

La regresión que vive la iglesia católica y que la elección de Joseph Ratzinger como Benedicto XVI ha reafirmado, tiene una de sus manifestaciones en la recuperación de la lucha contra la masonería como uno de los caballos de batalla de la derecha católica. De esto no se salva ni el ala más liberal del episcopado temerosa de aparecer como poco adicta a la ortodoxia. Luis Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona acaba de ordenar que las puertas de Santa Anna se cierren a los masones.

Desde hacía años el Gran Priorato de las Órdenes Reunidas Religiosas, Militares y Masónicas del Temple de San Juan de Jerusalén, fundado el 1791 a la Gran Bretaña y que dentro del Estado español está vinculada a la Gran Logia de España (GLE), se reunía en la iglesia Barcelona de Santa Anna. El rector no puso ningún obstáculo a pesar que el arzobispo de entonces, el cardenal Carles, era un hombre conservador. Santa Anna, una de las iglesias más bellas de la ciudad, con su claustro y su sala capitular, era vista como el escenario ideal para estos caballeros que prefieren los rituales y encuentros discretos. Además tenían el detalle de asistir a misa antes de empezar sus trabajos, un hecho que puede sorprender a quienes desconozcan la masonería.

La iglesia de Santa Anna, está vinculada históricamente a la orden del Santo Sepulcro (1099) la primera de las órdenes militares creadas en tiempo de las cruzadas para proteger a la ciudad de Jerusalén, conquistada a los musulmanes. Después se crearon las órdenes del Temple y de San Juan de Jerusalén. Santa Anna fue lugar de reunión de los del Santo Sepulcro desde el siglo XII. Con esa tradición, los responsables del Gran Priorato que hemos nombrado, consideraron que la iglesia era un lugar muy apropiado para sus encuentros. Pero la noticia de que un grupo de masones se reunía en algunas ocasiones en una parroquia católica debía de escandalizar a alguien. O quizá la lectura de “El anillo” novela histórica de Jorge Molist que ha vendido ya 200.000 ejemplares y que habla de unas reuniones esotéricas en Santa Anna, ha hecho correr la noticia.

Desde el arzobispado llegó finalmente la orden al párroco de expulsar a unos huéspedes tan inesperados. Parece que al párroco, Joan Aran, disgustado por el incidente, no tuvo otra opción que obedecer, especialmente cuando quedó claro que para el arzobispo el asunto era muy grave.

Un precedente

Uno de los que conocen el caso es mosén Josep Dalmau, sacerdote activista de mil causas, todas ellas ligadas a la defensa del país y de las libertades, y uno de los hombres de Iglesia que más han estudiado la masonería. Frecuentemente ha hecho el papel de puente entre “los hermanos” y los obispos. Demostró sus capacidades diplomáticas con motivo de la muerte de Lluis Salat, gran maestre de GLE hará diez años. Entonces consiguió la autorización del cardenal Ricard María Carles para oficiar el funeral en la iglesia de Santa María del Mar. La frase de Carles en aquel momento merece un punto y aparte:
“¡Ah! Eso es como los Rotarios, ¿verdad? Conozco un rotario que es muy buena persona, entonces, adelante”
El funeral de Salat, anunciado entonces en los diarios, en esquelas que mostraban los símbolos masónicos, escandalizó a algunas personas de la diócesis y dejó al cardenal Carles en situación comprometida delante de algunos prelados tan conservadores como él.

Desde el arzobispado se aconsejó a Dalmau que no fuera él quien diera el sermón. “Ah, no, eso es innegociable, si no es posible haremos la ceremonia en algún otro lugar” dijo él. El funeral fue un ejemplo de aproximación entre el catolicismo liberal y la masonería. Ahora Dalmau se muestra muy duro con la decisión del arzobispado de echar al Gran Priorato de San Juan de Jerusalén de la iglesia de Santa Anna. En su opinión una explicación podría ser que Sistach teme quedar como un blando frente a Roma y que espera que le hagan pronto cardenal. “Quizá alguien espere ser cardenal en el próximo consistorio. Hay que tener en cuenta que Ratzinguer es un hombre de profundas convicciones antimasónicas. Yo he pedido una entrevista con el obispo Joan Carrera para conocer si Roma ha dado alguna instrucción en éste caso.

Dalmau cree que “en el seno de la Iglesia hay mucha desinformación sobre la masonería y ahora se vive una regresión ideológica. Muchos masones son personas de misa y van a comulgar. En el funeral de Salat cerca de 400 personas tomaron la comunión”.

Reacciones contradictorias

A pesar de las diatribas papales contra la masonería, las relaciones entre la Iglesia y la Orden de la escuadra y el compás han experimentado muchos cambios. Los años de Juan Pablo II representaron un refuerzo del discurso reaccionario.

La elección de Benedicto XVI ha ratificado las posiciones del cardenal Rouco y del bunker episcopal, frente a prelados más abiertos como Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal y el arzobispo Martínez Sistach. Para saber cual es la correlación real de fuerzas deberemos esperar el primer consistorio del nuevo Papa, el primer nombramiento de cardenales. Sistach como responsable de una sede tan importante como Barcelona debería tener muchas opciones para ser elevado al rango de cardenal. Si no es así, si le hacen esperar, representará un bofetón.