A la búsqueda de la desaparecida primera iglesia de Santa Anna de Barcelona (año 1141). Al escribir “El anillo”, Jorge Molist, investiga la ubicación original, desconocida hasta el momento, de la iglesia de Santa Anna, sede de la Orden del Santo Sepulcro. La obra es además finalista en el premio de novela histórica Alfonso X el Sabio.

Artículo publicado en
La Aventura de la Historia, Enero 2006

Caballeros del Santo Sepulcro en Barcelona

Caballeros del Santo Sepulcro en Barcelona

Las ordenes militares se consolidaron definitivamente en el reino de Aragón a resultas de la herencia del rey Alfonso I, que hizo su testamento en 1131, en el sitio de Bayona y lo ratificó enfermo ya en 1134 en Sariñena antes de entrar en batalla contra los moros de Fraga.

Se dio entonces un caso único en la historia; tres órdenes militares de caballería: Temple, San Juan del Hospital (Hoy de Malta) y Santo Sepulcro, se convirtieron en monarcas de un reino.

Los nobles aragoneses consideraron dicha voluntad inconveniente y proclamaron rey al hermano de Alfonso, Ramiro, el llamado “monje”, por que en realidad lo era. Éste, por el bien del reino pidió dispensa de su voto de castidad y cumplió su misión, uniéndose con Agnés de Poitiers y teniendo una hija. Cuando Petronella contaba sólo con un año la casó con Ramón Brenguer IV, hijo del conde de Barcelona aunque la boda no se formalizó hasta el año 1150. La fusión de ambas casas era resultado de la necesidad por parte aragonesa de buscar salida al Mediterráneo y protegerse frente los deseos anexionistas de Castilla. Para Ramón Berenguer representó pasar a ser soberano de Aragón bajo el título de príncipe y hacer indiscutible su reinado sobre Cataluña como conde de Barcelona. La estructura de poder catalana era más compleja que la aragonesa ya que los vínculos feudales de los condes catalanes con el de Barcelona eran pactos de igual a igual, gobernando gracias a un entramado de acuerdos y no por derecho divino, y así quedó reflejado en la fórmula de juramento a los reyes: “Nosotros, que somos tan buenos como vos, juramos a vuestra merced, que no sois mejor que nosotros, aceptaros como rey y soberano, siempre que respeteís nuestras libertades y leyes, pero si no, no”

Obviamente para Ramón Berenger, conde dominante en Cataluña por fuerza y posesiones, la corona de Aragón le aportaba el poder definitivo para consolidarse como señor de facto y derecho del resto de nobles catalanes.

Cumplida su misión reproductora y sucesoria, Ramiro se retiró a un convento de Huesca, dejando gobernar a Ramón Berenguer, aunque manteniendo el título de rey hasta su muerte.

Pero el conde - príncipe reinaba sobre un reino, el aragonés, que no le pertenecía jurídicamente y no tuvo más remedio que negociar con las órdenes de caballería, dueñas por herencia, trueques de propiedades y derechos presentes y futuros sobre las próximas conquistas a los sarracenos, a cambio de recuperar el reino. Las conversaciones fueron arduas, en especial con la orden del Temple, y aunque hay quien dice sólo negoció propiedades y derechos aragoneses, lo cierto es que las grandes cesiones que Ramón Berenguer concedió en Cataluña hacen suponer que trocó parte de ésta a cambio de su reino aragonés.

La orden del Santo Sepulcro

La orden del Santo Sepulcro tenía ya bienes en Cataluña fruto de donaciones anteriores, algunas previas a la primera cruzada y realizadas por peregrinos catalanes a su regreso de Tierra Santa. Pero fue a raíz de éstos pactos cuando en 1141 llegó a Barcelona un grupo de monjes, presididos por Gerard, el recién nombrado prior de la orden para las tierras de Hispania, y que se establecieron formalmente en la ciudad. Gerard ratificó la renuncia a los derechos de la orden sobre la corona de Aragón.

Las primeras actividades de la comunidad se documentan en 1145 y pasan algunos años antes de la edificación de la iglesia y convento definitivos.

Sin embargo la orden del Santo Sepulcro, refundada a partir de la primera cruzada, se acogió a la regla de San Agustín, y hay constancia de la presencia de frailes agustinos en Barcelona desde épocas muy remotas, estando documentado un convento en el año 801. También hay referencias históricas de la construcción por monjes agustinos de la primera obra de santa Anna en el año 1141 y que se terminó en 1146. Asimismo consta que un canónigo llamado Carfilius aceptó en el año 1141, casualmente fecha de llegada de Gerard a Barcelona, la iglesia de Santa Anna en nombre de la comunidad del Santo Sepulcro. Así pues, existía un templo anterior o en construcción a la llegada de los sepulcristas.

Aurelio Capmany en su obra sobre santa Anna de 1929 se refiere a ésta primera iglesia afirmando: “de la cual, al parecer, no queda vestigio”

La iglesia de hoy

Santa Anna, a muy pocos metros de la plaza Cataluña tiene un aspecto recoleto, casi clandestino. De hecho durante la invasión napoleónica fue clausurada por los ocupantes y dícese que usada como refugio por los resistentes.

Es un lugar escondido, de las gentes y hasta parece que del tiempo, y se accede a ella desde una plaza rodeada por todos sus lados de edificios modernos y cuyas dos puertas, abiertas a través de las casas, una hacia la calle Santa Anna y otra al pasaje Ribadeneyra, se cierran por la noche dando más protección y misterio al lugar. El templo, parte de un antiguo convento conserva aún anexos, un bello claustro con jardín y una sala capitular.

Hay algo de temor, de recuerdo amargo, cuando en días como el uno de mayo los sacristanes esperan impacientes la salida del último de los visitantes para cerrarlo de forma precipitada antes de su hora. ¿ Absurdo miedo de que en pleno siglo XXI, turbas anticlericales lo puedan dañar? ¿O es que los recuerdos quedan en la memoria de los lugares, igual que en la de las personas?

No en vano en 1936 las dos iglesias la vieja, la que hoy podemos ver, y la nueva, un estilizado edificio neogótico fueron incendiadas. Quizá por ser monumento nacional construido a lo largo de la edad media, la vieja iglesia salvó sus muros, pero la nueva fue dinamitada y sólo de ella persiste un lienzo de pared que limita la plaza y el espacio vacío de ésta.

La opinión de los investigadores actuales

Enciclopedia catalana refiriéndose a Santa Anna en su libro de arquitectura gótica afirma “ Es un edificio sencillo de planta de cruz con una nave encabezada por un ábside rectangular y un crucero originalmente sin capillas” Después se refiere al proceso constructivo y supone que “probablemente en el siglo XIII se substituye la cabecera de la vieja iglesia por una nueva cabecera conservando la nave” y añade “Santa Anna no debía de disponer de ábsides laterales y las capillas actuales son de factura muy posterior a la obra del siglo XIII”

La misma opinión es manifestada por Joan Arnau i Suriol, rector de la parroquia desde 1987 en su extensamente documentada obra titulada “Santa Anna de Barcelona”

Dice “ de ésta parte del templo (refiriéndose a la parte del siglo XIII) quiero destacar los elementos que más lo desfiguran. Son las dos capillas que están justo a la entrada, a derecha e izquierda y las dos correlativas situadas al fondo, pasado el crucero. Son elementos posteriores, igual que la puerta de entrada” (datada en el año 1300) Después prosigue mencionando los documentos del 1169 y 1177 con donaciones para la construcción de la parte antigua de la iglesia.

Ignora aquí las referencias a la construcción primera de Santa Anna por los frailes agustinos de 1141, mencionada por Aureli Capmany, sin duda por no haber tenido acceso a los documentos originales usados por éste.

¿Cómo era y dónde estaba la iglesia original?

Hay abundantes datos objetivos que me hacen concluir que la primitiva iglesia de Santa Anna, era quizá sólo una ermita extramuros muy semejante a la que se puede ver en la portada de mi novela “El anillo”, fragmento del retablo de Sant Jordi del museo diocesano de Palma. Y su ubicación era precisamente, la que tiene hoy la Capilla del Santo Sepulcro, en el templo actual.

El primer elemento es de pura lógica. ¿Dónde se instalarían los frailes de Gerard esos primeros años en Barcelona? Lo más probable es que fueran acogidos por religiosos de su misma regla, eso es los agustinos que por entonces construían Santa Anna y que por cierto fue cedida a Carfilius en 1141. Posiblemente los sepulcristas integraran a los frailes agustinos. Así se explica que el convento de los frailes del Santo Sepulcro se llamara ya desde sus inicios de Santa Anna y jamás del Santo Sepulcro. Viene a confirmar ésta hipótesis el hecho de que al abandono de los Caballeros de la orden del Santo Sepulcro del convento, en el siglo XV, éste volviera a manos de los frailes agustinos los llamados popularmente en Cataluña “frares del sac”

Así pues, es de suponer que la iglesia original se ubicara muy cercana a la actual.

Un segundo elemento es la curiosa disposición del presbiterio de Santa Anna, construido a partir del año 1169 ya por la orden sepulcrista. Tiene ventanas al fondo y en su pared derecha. Hoy sólo el gran ventanal elevado del fondo da al exterior del ábside y recibe luz natural, pero en los tiempos de su construcción todas las ventanas eran exteriores. Hoy las de la pared derecha dan a la capilla del Santísimo, y las del fondo a la sacristía actual edificada el siglo XX.

¿Por qué no se construyeron ventanas en la pared izquierda? Simplemente, por que no daban al exterior. Allí había un edificio anterior, ni más ni menos que la antigua iglesia de Santa Anna que una vez integrada en la gran iglesia, se convirtió en la capilla del Santo sepulcro, también llamada “Dels perdons”

Otro elemento es el plano de la iglesia dibujado en 1859 por el arquitecto Miguel Garriga. En él se comprueba que la planta de dicha capilla es completamente distinta a las del resto del edificio. Posee pequeños presbiterios, en realidad hornacinas donde debían de alojarse imágenes. Su estructura respondería a la de una pequeña ermita románica. Su constitución primitiva refuerza su carácter anterior al resto de la construcción.

Y por fin, la descripción que Aureli Capmany hace de ella su publicación de 1929: “ en la construcción de la iglesia ( la nueva de Santa Anna) puede verse la transición del románico al gótico, que se deja ver en su presbiterio, crucero y su nave. La capilla llamada “de los perdones”, en sus vetustas paredes, en sus formas tan sencillas como severas lleva marcado el sello de su venerada antigüedad”

¿Por qué Capmany sólo al referirse a esa capilla en particular se recrea describiendo su “venerada antigüedad”?

¿Estaba afirmando que dicha capilla no era de transición sino plenamente románica, luego anterior al resto del edificio? Es evidente.

Sin embargo, revisándola, yo no he percibido, fuera de la vuelta de cañón de su techo, muestras de una antigüedad superior a la del crucero.

El misterio de las conchas de peregrino

Durante muchos años ésta capilla del Santo Sepulcro, la llamada “Dels perdons” fue considerada la más importante de la iglesia. Esto se debía a la bula papal que concedía indulgencia, perdonándole los pecados, a todos los fieles que visitaran la capilla desde las vísperas del día 16 de Marzo hasta la puesta del sol del día siguiente y siguieran la penitencia adecuada. Eran los llamados “perdons de santa Anna” y tenían el mismo valor que los obtenidos peregrinando al Santo Sepulcro de Jerusalén.

Como símbolo de éste peregrinaje, en ciertos lugares de la iglesia, y más concretamente en el exterior de la capilla del Santo Sepulcro existían conchas de peregrino esculpidas en las paredes.

Personalmente he buscado detenidamente éstas conchas, en concreto tres, que aparecen en fotos de la publicación de Aureli Capmany cercanas a la puerta exterior de la capilla, sin encontrar rastro de ellas. No las hay ni en el interior de la capilla ni en ninguno de sus muros exteriores.

Repuesto de la sorpresa inicial, la explicación puede ser sencilla. En el incendio de 1936, la antigua capilla “Dels perdóns” se hundió quedando las paredes muy deterioradas y en la posterior reconstrucción de inicio de los años 40, con un presupuesto exiguo que buscaba más la incorporación al culto de la iglesia que la reconstrucción rigurosa, se desfiguró su aspecto original, perdiendo entre otros elementos las conchas.

Si comparamos el detallado plano de 1859 de la iglesia con los actuales, vemos que mientras coinciden todos los elementos con gran exactitud, sólo en el dibujo de los muros de ésta capilla aparecen grandes diferencias.

Al no estar documentada, sino por referencias, la construcción de la iglesia primigenia agustiniana, los investigadores modernos han supuesto, a la vista de la factura actual de la capilla, que es un añadido posterior a la construcción original. Por otra parte tampoco se han encontrado documentos sobre la construcción primera de la capilla “Dels perdons”, cuando prácticamente todos los elementos de la iglesia posteriores al primer establecimiento están convenientemente documentados. Prueba más de que la actual capilla del Santo Sepulcro, consagrada en su inicio a la devoción de la Santa, fue en realidad la primera de las iglesias de Santa Anna.

Aunque mi novela “El anillo” es ficción, no he renunciado a incluir elementos, como éste en concreto, sobre la iglesia que es fruto una investigación detenida.