Anillos de poder Artículo nº 1 - Fecha: 14-05-2006
Publicación: Más Allá de la Ciencia
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Siglos antes de que Tolkien imaginara un “anillo de poder” como eje de su saga El señor de los anillos, la creencia en los embrujos de estas joyas recorría ya media Europa. En el siglo XIV, por ejemplo, se creía que en el anillo del papa Bonifacio VIII habitaba un demonio. Una reciente novela, “El anillo. La herencia del último templario” finalista del IV Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio, recoge esas creencias. Su autor nos las desmenuza en este artículo.
Caballeros del Santo Sepulcro en Barcelona Artículo nº 2 - Fecha: 14-05-2006
Publicación: La Aventura de la Historia
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A la búsqueda de la desaparecida primera iglesia de Santa Anna de Barcelona (año 1141).
Al escribir “El anillo”, Jorge Molist, investiga la ubicación original, desconocida hasta el momento, de la iglesia de Santa Anna, sede de la Orden del Santo Sepulcro.
La obra es además finalista en el premio de novela histórica Alfonso X el Sabio.
Caballeros esotéricos en Santa Ana Artículo nº 3 - Fecha: 14-05-2006
Publicación: El Triangle
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El éxito de “El anillo” (Novela publicada por Martínez Roca) evidencia las reuniones masónicas que tenían lugar en la iglesia de Santa Anna de Barcelona y provoca la orden de expulsión de éste grupo, llamado “Priorato de San Juan de Jerusalén” por parte del arzobispo.
El gran priorato de San Juan de Jerusalén, fundado en 1791, vinculado a la Gran Logia de España es expulsado, por orden del arzobispo, de la parroquia Barcelona donde se reunía desde hace tres años.
El anillo del Papa y el demonio Artículo nº 4 - Fecha: 03-04-2007
Publicación: La Aventura de la Historia
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Entre los muchos enemigos que tuvo el papa Bonifacio VIII, se hallaba el cardenal Pietro Colonna. Este prelado le acusó de haber llevado en su coronación, el 23 de enero de 1295, “un anillo en el que tenía prisionero a un demonio; de invocarle y dedicarle fumigaciones de incienso para que le sirviera de oráculo. Aseguraba que le había oído conversar con el demonio que, a veces, hablaba con voz de niño y otras con una voz cavernosa y ronca, como si fuera un viejo”